enero 17, 2021

Paramissuperiores

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Gran Artículo de David Sánchez desde su Blog

Con la ilusión de un niño pequeño, me encaminé nervioso a vivir el día más importante de mi vida. Al parecer un ojeólogo o algo así, vino a verme hace dos meses al partido que jugamos contra el San Blas de Madrid. Por suerte, metí dos goles y di tres asistencias. Fue un partido memorable, pues ganamos 6-1 y prácticamente se podría decir que acariciábamos el título liguero. Yo a mis doce años apenas me enteraba de lo que pasaba pero mi padre, sereno y sosegado, me acariciaba el pelo con una mirada complaciente a la par que emocionado y orgulloso.

Cuando la azafata decía que estábamos llegando al aeropuerto de Barcelona miré por la ventana y aluciné viendo como la ciudad que estaba a mis pies tenía forma de tablero de ajedrez. Mi padre nunca me dió esperanzas reales, siempre me decía: “Hijo, llegues dónde llegues el día de mañana, jamás te olvides de tus orígenes y ten presente que lo que consigas será por tus propios méritos pues nadie te va a regalar nada” Yo no le entendía pero le decía que sí para que siguiera contento pues lo estaba más que yo, sin duda.

Entramos en una zona muy grande del aeropuerto de Barcelona llena de cristales y en la puerta había un señor con un cartel en el que estaba mi nombre escrito junto al escudo del F.C. Barcelona. Al verlo me emocioné y le grité que era yo, entonces el hombre se dió la vuelta y dijo: “Pep, el chaval ya está aquí” y entonces empecé a llorar. Tenía una edad difícil pues en determinados momentos la gente me saludaba dándome la mano y otros dándome dos besos, no sabía qué hacer y cuando Pep extendió su brazo, le di un abrazo emocionado.

 

Después de apenas media hora, llegamos al destino. Pep y el señor del cartel, que conducía el coche, un tal Estiarte, iban en la parte delantera y mi padre y yo en la trasera. Cuando el coche se detuvo, Pep se dió la vuelta y dijo con un hilo voz:“Bienvenido a La Masia. Bienvenido al Albergue de las Metáforas”Yo no sabía que eran esas metafonosequé, pero sí sabía que era el niño más feliz del Universo.

Me dejaron junto a un campo de césped con un balón mientras mi padre entraba con ellos dentro del edificio principal. Al poco se me acercaron tres chavales y se pusieron a jugar conmigo un gol regateado. Quería seguir jugando pero me invadían un montón de preguntas y empecé a recitarlas una tras otra sin apenas reparar en que me estaba quedando sin respiración. Mis nuevos amigos se reían. Nos sentamos en el césped y empezaron a hablarme del Albergue de las Metáforas.

Me hablaron del sacrificio, de la honestidad, del compañerismo, del sentimiento de equipo, de la estrategia, de la amistad, de la humildad, del cariño, del saber perder, del saber ganar. Me hablaban de todo menos de fútbol. Hablaban de Pep como el ingeniero de sueños, como el arquitecto de estrategias, como el cirujano del entretenimiento o como el director de orquesta de la sinfónica del balón. Me hablaban de todo menos de fútbol. Me hablaban de las clases, de los entrenamientos, de las comidas, de la sala de juegos, de las habitaciones. Me hablaban de todo menos de fútbol.

Una hora después, salió mi padre junto a Pep. Se me acercó, me besó, me abrazó y me acarició. Pep le miraba con reminiscencia. Se le veía orgulloso, lleno, emocionado, pues en su interior esa escena la vivió él cuando ingresó en La Masía. Se apartó un momento para darnos intimidad. Mi padre lloraba más de alegría que de tristeza, me miró y me dijo: “Aprende todo lo que puedas. Estudia. Sé el primero en clase. Aprovecha esta oportunidad. Sé fiel a ti mismo. Recuerda de dónde vienes pero sobre todo, jamás olvides que mamá y yo te queremos más que a nada en el mundo. Vendremos a menudo a verte. Te quiero hijo”, le dio la mano a Pep, se montó en el coche y se marchó.

Me teníais que haber visto. Parecía un pelele llorando de pie mirando como mi padre se iba sabiendo al mismo tiempo la gran suerte que tenía por estar ahí en ese momento. Pep me llamó, me rodeo los hombros con su brazo y nos encaminamos hacia la entrada de mi nueva casa, entonces le dije:

-Sr. Pep, ¿por qué mis nuevos amigos no me han hablado de fútbol?

– Porque aquí no hablamos de fútbol, aquí creamos fútbol

– Sr. Pep, ¿por qué esto es el Albergue de las Metáforas?

– Porque aquí harás poesía con el balón

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