febrero 26, 2021

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banquillo casillas

Al final ha resultado que sí, contra lo que aún muchos se resistían a creer, José Mourinho ha acabado por atreverse a meterle mano a Iker Casillas, capitán y símbolo y leyenda viva del Real Madrid: por primera vez en una década, El Santo fue relegado a la suplencia. Se ha atrevido o ha osado, depende del enfoque que cada uno escoja adoptar, claro.

Mourinho ha entrado en semejante deriva pirómana que parece empañado en expandir el fuego por todos los rincones de la Casa Blanca. Hasta el último reducto, hasta aquél que tanto por su historia como por su mito parecía intocable. La suplencia de Casillas es la última (hasta ahora) demostración de poder de un técnico que, por mucho que se empeñen en creerse sus acérrimos defensores, toma cada decisión pensando en su bien antes que en el del club.

Casillas no ha cometido errores que justifiquen una decisión técnica, una excusa que no se cree nadie. Y aun en tal caso, no es lo mismo relegar a la suplencia a un jugador de campo que a un portero; no es lo mismo sentar a un joven que a un veterano; no es lo mismo dejar en el banquillo a un recién llegado que a un titular que lleva toda la vida en el club. Y desde luego que no es lo mismo castigar a un actor de reparto que al dueño y señor de la portería blanca desde hace más de una década, el único superviviente de las dos últimas champions del club, campeón del mundo y doble campeón de la Eurocopa como capitán de la Selección.

Por muchas supuestas filtraciones que salgan, nadie puede asegurar a ciencia cierta qué se cuece en el vestuario blanco. Desde luego que yo soy de los que opina que donde hay patrón, no manda marinero. Y también de aquello que dice que es mejor que mande uno mal a que lo hagan muchos bien. Lo que me parece fuera de toda duda es que la decisión no tiene nada de técnica y sí mucho de lucha de poderes. Sus problemas, en todo caso, serán de régimen interno, porque, desde luego que de puertas hacia afuera, Casillas viene dedicando desde hace mucho tiempo todas sus declaraciones a respaldar a su técnico.

Eso sí, el atrevimiento de Mourinho hay que relativizarlo. Por un lado se acerca a la imprudencia, en tanto en cuanto se arriesga a una reacción de la grada sin parangón hasta la fecha. Pero si lo miramos desde el prisma temporal, no parece un acto al que ni siquiera se le pueda aplaudir su osadía. Podría considerarse una decisión valiente si el momento escogido para sentar a Casillas fuera uno en el que realmente se estuviera jugando algo (Mourinho es el primero que ya ha dado esta Liga por perdida). O si lo hubiera hecho en el Santiago Bernabéu, sometiéndose así a un plebiscito real y no como en la pantomima que montó antes del último derbi. No se cumplen ninguna de las dos.

A todo ello hay que añadir otra circunstancia más: el momento escogido no puede ser mejor para él y peor para el club. Mourinho, tras dar la cara en una última comparecencia, estará varias semanas fuera de los focos (se hablará mucho de él, pero él no se tendrá que enfrentar a la prensa), mientras que la institución tendrá que encargarse de minimizar el incendio en una Navidad que se le puede hacer muy larga, mediáticamente hablando. Una institución, por cierto, en la que el que está prendiendo fuego es la segunda persona con más poder, como consecuencia de las continuas concesiones que ha ido ofreciéndole a Mourinho su presidente.

Aquí entra el tercer protagonista: Florentino Pérez. Hace apenas dos semanas el máximo mandatario del Real Madrid aprovechó una reunión con la prensa para ofrecer un discurso de apoyo total a su manager, en el que incluso lo tildaba de víctima de ataques injustificados. Mourinho se lo agradeció con un acto de tintes camorristas, con todo el clan portugués avasallando a un solo periodista. Florentino no censuró el acto y se limitó a pedir la calma que tanto necesita el club. Mourinho se lo ha pagado con la suplencia de Casillas como regalo navideño.

Seguramente la suplencia de Casillas esté más enfocada a enviar un mensaje a los futuros vestuarios que tendrá a su cargo que al actual. Mourinho se irá en Junio del Madrid. Eso como muy tarde. Le quedan siete partidos: octavos, cuartos, semis y final de Champions. El resto no le importa nada. Así que a mí no me extraña nada que adopte la pose de Para lo que me queda en el convento, me cago dentro.

Desde luego que no parece que vaya a tener ningún problema en seguir empeorando el ambiente interno porque no le tiene ningún miedo al despido. Con un contrato hasta 2016 a razón de 11 millones de euros al año (más el montante que se lleva su equipo de colaboradores), el problema lo tiene Florentino, que aunque logre una salida pactada, no será sin rascarse el bolsillo. Es lo que tiene haberse ligado a él desde un principio y, tras apenas quince meses, acabarse arrodillando.

 

 

 

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