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Mourinho vuelve al escenario que le llevó al Madrid y donde puede comenzar su ¿adiós?

Bajo el agua que escupían los aspersores, Mourinho festejó corriendo por césped del Camp Nou la clasificación del Inter de Milán para la final de la Champions League. Había finiquitado las opciones del Barcelona de levantar el título en casa del eterno rival, en el Bernabéu. Aquello terminó de convencer a Florentino de que era el hombre adecuado para dirigir al Madrid. Año y medio después, puede que la cuenta atrás para su salida comience en ese mismo lugar.

 

Pese a perder ante el equipo de Guardiola, la victoria en Milán valió al Inter para sacar el billete a una final que terminaría ganando al Bayern de Múnich. Ante Van Gaal, el que fuera su mentor en la ciudad condal, Mourinho conquistó la Copa de Europa, y lo haría en el escenario que sería su nueva casa. El Santiago Bernabéu asistió como su futuro nuevo entrenador rompía a llorar abrazado a Materazzi, en una imagen que reflejaba a la perfección la intensa relación entre la plantilla y el técnico.

Un año y medio después, la situación no es la esperada. Mourinho llegó al Real Madrid para destronar al Barcelona, tanto en España como en Europa, y sólo ha logrado derrotarle una vez en los ocho enfrentamientos que han mantenido. Esa victoria valió un título, la Copa del Rey, pero en gran parte del madridismo ahora mismo pesan más el resto de derrotas ante los culés y la manera de afrontar los partidos. Los pitos que recibió el domingo ante el Athletic de Bilbao así lo reflejan.

Desde aquel partido con el Inter de Milán, sus visitas al Camp Nou han sido siempre traumáticas. La primera fue en Liga, en noviembre de 2010, y el 5-0 que recibió su equipo, cuando llegaba como claro favorito al choque, dejó tocado su proyecto. En la eliminatoria de semifinales de la Champions no pudo ocupar el banquillo tras ser sancionado por la UEFA (tuvo que ver el partido desde el hotel). La última vez que acudió al estadio blaugrana fue en la Supercopa de España, y dejó para el recuerdo aquella infausta imagen en la que metía el dedo en el ojo a Tito Vilanova.

Este miércoles de nuevo se medirá ante el Barcelona, en el Camp Nou, y lo hará con la necesidad de ganar el partido para lograr el pase a las semifinales de la competición copera. La misma competición que salvó su primera campaña y le aupó en el Olimpo madridista, puede poner una piedra más en su camino de salida. Una nueva derrota ante los culés, y si viene acompañada de una imagen defensiva como la que no gusta al madridismio, terminarían de dar cuerpo a las informaciones que apuntan a una fractura dentro del vestuario. Y también a las que hablan de su marcha.

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