marzo 1, 2021

Paramissuperiores

Tutoriales, Consolas Retro.

Nadie mejor que José Miguel González Martín del Campo, Míchel, para explicar qué se siente cuando un sector del Bernabéu expresa su descontento. Apóstol de La Quinta y dueño de la diestra más precisa de Europa en los 80, Míchel enfatizaba en Radio Marca que el desafío que tiene que asumir Cristiano Ronaldo depende del enfoque del problema. Él vivió en sus carnes ácidas críticas periodísticas, fue objeto de insultos de otras aficiones (le gritaban ‘Míchel, Míchel, maricón’ y él respondía que escuchaba ‘Míchel, Míchel, el mejor’) y escuchó silbidos del ‘tendido siete’ de su estadio. De ahí que Míchel, la voz de la experiencia, reflexione en voz alta. ‘Cuando el Bernabéu te pita, es porque te quiere. Los pitos son el mayor síntoma de valoración’.  Esta es la lección impagable que Míchel le ha regalado a CR7, un ganador patológico que, en cuestiones de egolatría, presenta demasiadas recaídas. El Bernabéu, con paladar fino, acostumbrado al beluga, suele premiar a quien entrega lo que tiene y reprueba a quien puede ofrecer más. Cristiano Ronaldo está en esa tesitura. No es que un sector del Bernabéu no le quiera, al revés. Su reproche estriba en que le quieren tanto que necesitan hacerle ver que tiene que mejorar, que tiene que solapar algunos gestos, que puede y debe jugar más para el equipo que para sí mismo.  Hay quien pretende crear confusión y profetiza divorcio a la vista. Nada más lejos de la realidad.

El Bernabéu valora a Cristiano. Por eso le exige más que a nadie y le recuerda, de manera constante, que el Real Madrid es un club obligado a buscar y encontrar la excelencia en todos y cada uno de los partidos.  Su entorno debería hacer saber a Ronaldo, que también mantiene un altísimo nivel de exigencia consigo mismo, que no es la primera gran estrella que sufre al Bernabéu. En momentos puntuales, un sector del público también mostró su rechazo hacia grandes jugadores. A Rafa Martín Vázquez, una zurda de terciopelo, el público no le perdonó su tocata y fuga al Calcio; a Butragueño, prestidigitador del área, se le silbó cuando perdió su embrujo en el balcón del área; a Míchel, todo carisma y más chulo que el ocho que llevaba a su espalda, le tocó sufrir un potro de tortura en algunos partidos en casa; a Guti, talento maldito, el Bernabéu le reprochaba ser como el río Guadiana (que aparecía y desaparecía); a Robinho, un futbolista genial, el ‘tendido siete’ se le revolvió por su fama de triatlea (corre, hace bicicletas y nada de nada); y a Ronaldo, el brasileño, le tocó vivir una situación cruel, porque era héroe o villano. ‘Si marco soy el mejor y si fallo, un gordo’. Todos tuvieron que convivir con el reto de soportar a sus críticos y convencerlos con la pelota. Algunos abandonaron y otros revirtieron el desafío con audacia, con personalidad y con mucho carisma. Zinedine Zidane, sin ir más lejos, acusado de entorpecer las transiciones del Madrid, desarticuló el pseudo-debate con fútbol. Sus pases, su elegancia y sus controles lograron que los murmullos se volvieran rendidas ovaciones.

De Cristiano, que coleccionaría Balones de Oro de no ser por la alargada sombra de Leo Messi, se espera lo mismo. Es un fuera de serie, sus goles son meteoritos, sus números son de otro planeta y compite al más alto nivel. Pero debe dejar de tener la piel tan fina y reflexionar acerca de cuestiones que necesita mejorar. Debe comprender que debe jugar para el equipo, no al revés. Debe interiorizar que cuando pierde una pelota o falla un gol no es el fin del mundo. Y debe abandonar esa obsesión de disparar todas las faltas directas del equipo, concediendo alternativas a otros lanzadores. Actitudes que sólo podrá mejorar, poco a poco, si alguien le explica, con detenimiento y todo lujo de detalles, la lección gratis que le ha dado Míchel. Los pitos son una cuestión de afecto, no de manía persecutoria. De exigencia, no de fobia. Los que le pitan, le quieren. Por eso le exigen más. Que le pregunten a Alfredo Di Stéfano, el más grande entre los grandes del madridismo. Esa es la exigencia del Real Madrid, el peso de su historia. Su gran desafío.  Cristiano debe convivir con los pitos, convencer a sus críticos y superar la situación. Con fútbol y con piel de elefante.

Rubén Uría 

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