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La primera vez que escuché a Mourinho atribuirse el sobrenombre de “Special One” creí que, llevado por el entusiasmo de una rueda de prensa repleta de aduladores, el hombre se había marcado un chiste, una fina ironía. Me equivoqué, el tipo se lo creía a pies juntillas y aun consideraba que llamarle simplemente por su nombre constituía una falta de respeto intolerable.
Si algo caracteriza a Mourinho es su pronunciado sentido de irrealidad, su falsa interpretación de lo que sucede, su desconexión con el yo que refleja. Él cree ser el gran emperador del balompié, los demás le atribuyen a lo sumo la condición de gran entrenador. Su yo se disocia emergiendo un “yo ideal” que no existe y un “yo real” que no asume. Pero el narcisismo, aun siendo patológico, no supone ruptura con la realidad, de ahí que de forma consciente y premeditada vaya dejando cadáveres en el camino, unas veces por disidencia, otras porque a todo narcisista le encanta rodearse de mediocridades para reconocerse como el mejor.
Algunos pensarán que Mourinho goza de una autoestima muy elevada, mas la realidad es que la pose es pura fachada, alguien que necesita que le adulen y le ensalcen constantemente tiene una autoestima muy baja, si no fuera así no necesitaría acaparar tanto protagonismo y se tendría valorado en su justa medida.
No hace falta ser especialista en psicopatología para afirmar que la personalidad del personaje de Mourinho resulta mórbida y tóxica en grado sumo, una personalidad psicopática ávida de enfrentamiento y de disputa, pues el que no se siente bien consigo mismo necesita pagar su frustración con los demás.Pero una cosa es el personaje y otra la persona, de ahí que todo mi relato no abarque más que la esfera de su posible interpretación; al fin y al cabo mi desconocimiento sobre su persona resulta absoluto y,después de todo, no sería de extrañar que fuera un hombre muy distinto fuera del ámbito balompédico. Nunca lo sabré ni me importará adivinarlo.
El dato relevante es que el personaje se larga de una vez, y con él, imagino, toda su fanfarria y tontería. Se larga fracasado,con un palmarés muy inferior al de Vicente del Bosque y echando mierda sobre Casillas, un mal portero, según parece. Si hubiera fracasado en el Barça no habría dudado a la hora de decir que con gente pequeña como Messi, Xavi e Iniesta no se puede competir en Europa,alabando la fuerza física de Song. Ya se sabe que como narcisista necesita rodearse de mediocres y pelotas para sentirse bien, para sentirse “Special One” y seguir creyendo que forma parte del Olimpo de los dioses y que su siguiente paso consiste en derrocar a Zeus o, lo que es lo mismo, convertirse en el jefe de las deidades.La realidad, sin embargo, es que en Londres le espera Abramovich con el talonario en la mano y un par de palmaditas en la espalda para convertirle, de nuevo, en su bufón, el que le hace reír y pasárselo bien los días de partido, allá en Stamford Bridge.

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